Existen diversas técnicas de modelado a mano de la arcilla: pellizco, rollos, planchas… Personalmente, durante mis primeros años de trabajo, elaboraba mis vasijas de cerámica exclusivamente con la técnica de rollos. Esta forma de modelado es, probablemente, una de las más antiguas y universales y requiere de precisión, destreza y paciencia.
Concretamente, se empieza enrollando el barro sobre una superficie plana con las palmas de las manos para conseguir el rollo. Habitualmente, yo los obtengo mediante extrusionadora.

A continuación, coloco una plancha circular de barro sobre la torneta. Esta plancha será la base de la vasija. Con una herramienta punzante, realizo incisiones sobre el borde de dicha plancha y la humedezco.
Rápidamente, coloco el primer rollo y uno sus extremos inicial y final mediante un corte al sesgo, de forma que ambos extremos queden perfectamente soldados tras unirlos.



Una vez colocado el primer rollo sobre la plancha base, comienzo a presionar, arrastrando el extremo del rollo hacia la parte interior de la plancha y, después, hacia el exterior.


Tras esto, para alisar las juntas y eliminar los sobrantes de las uniones, giro la torneta y hago repasos sucesivos con una herramienta alisadora hasta conseguir una superficie libre de imperfecciones.


Este proceso se repite una y otra vez, superponiendo rollos y vigilando siempre que las uniones sean sólidas.

Si quiero obtener formas abombadas o con panza, tengo que estar pendiente, sobre todo al colocar los primero rollos, de ensanchar la forma lo suficiente, colocando el churro sobre el borde externo de la pared de arcilla.

Después, al pasar la herramienta para alisar las juntas, también debo tener en cuenta si quiero obtener una pieza redondeada o estilizada y presionar en mayor o menor medida.

En todo este proceso, también es muy importante mantener la pieza húmeda.

Para ello utilizo un trozo de esponja mojada en agua con la que regularmente doy repasos, manteniendo siempre un nivel óptimo de consistencia de la pieza: ni la arcilla puede estar muy húmeda pues la vasija se vendría abajo, pero tampoco debe secarse en exceso puesto que se agrietaría.

Además, el repaso con la esponja húmeda contribuye a eliminar las imperfecciones de la pared de la vasija y homogeneizar, así, su textura.

Como señalaba al principio, cuando empecé a dedicarme a la Cerámica, levantaba mis vasijas exclusivamente con la técnica de rollos. En la actualidad, combino esta técnica con la de planchas, lo que me permite trabajar de forma más rápida y ágil y obtener piezas de mayores dimensiones.


La elaboración de cada vasija me suele llevar dos o tres semanas ya que es conveniente que las juntas vayan soldando poco a poco y que la pieza seque lentamente. Por eso, suelo trabajar con varias vasijas a la vez y de forma alternativa. Una vez terminada la pieza y, antes de que seque definitivamente, estampo en su base el sello con mis iniciales, ALF, lo que permitirá identificar mi autoría.





Por lo general, suelo trabajar con barro rojo, gres blanco y diferentes tipos de gres refractario.

En función de la clase de arcilla elegida y del tipo de decoración, la cocción se realiza de una forma u otra. Pero, básicamente, lo que hago es, una vez seca la pieza, cocerla en horno eléctrico a temperatura de bizcocho (1.000°C), aproximadamente.

Así, la vasija adquiere la consistencia necesaria para pasar al siguiente proceso: la decoración.





En materia de decoración existen múltiples técnicas. Se trata de un proceso en el que, continuamente, descubro nuevos resultados. En cualquier caso, al igual que ocurre con el modelado, cada ceramista acaba empleando aquellas técnicas que más se ajustan a sus gustos y a su forma de trabajar.

Suelo utilizar engobes y esmaltes de alta temperatura (1.260°C) que elaboro yo misma a partir de determinadas materias primas, fundamentalmente, esmaltes de feldespato coloreados con óxidos de hierro, cobalto, cromo… Ello no obsta para que, en determinados momentos, también recurra a engobes y esmaltes de tipo comercial.

Para su aplicación empleo técnicas que van desde el vertido, pasando por la aplicación con esponja, con paletina o mediante aerógrafo. También suelo utilizar técnicas de decoración que requieren baja temperatura, tales como el bruñido, o el pulido con óxidos.

En todo caso, el resultado es siempre una pieza artesanal, realizada a mano en todas sus fases y única. Por esa razón, siento que en cada una de mis vasijas permanece una parte de mí, que pasa a ser compartido por todo aquél que adquiere una de ellas.